Relato Cherokee de los Dos Lobos (adaptado por Alghedi)

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En un lugar hermoso, en el medio de la naturaleza, existía una aldea Cherokee. Los aldeanos vivían de la caza y agricultura. También recolectaban frutos silvestres y siempre estaban en movimiento. En las noches les gustaba reunirse alrededor de las fogatas, abrazados, concentrados mirando el fuego arder y a la vez escuchando las historias de los más ancianos. Los más ancianos en la sociedad Cherokee eran muy respetados. A pesar de su edad eran muy fuertes, aunque ya no tenían la fuerza de su juventud. Pero tenían algo más preciado que la fuerza de su juventud, y era la sabiduría y conocimiento de la vida. Habían vivido mucho y pasado muchos momentos felices y tristes. Toda esta sabiduría era respetada por las generaciones más jóvenes, que siempre buscaban consejo de los más ancianos. Es difícil decir si los Cherokees sentían más amor o respeto por la naturaleza, pero sin duda cuidaban de ella, y ellos también se cuidaban de ella, sabiendo que la naturaleza tiene sus propias leyes, y que el ser humano debe aceptarlas, ya que el ser humano es parte de la naturaleza.

Un día uno de los ancianos Cherokees, después de haber cenado y haber hablado aménamente con su esposa y alguno de sus hijos, vio que su nieto ya estaba en edad de empezar a comprender más de la justicia e injusticia de la vida. El anciano decidió tomar un paseo con su nieto. Se acercó a su nieto y le dijo: “vamos a tomar un paseo pequeño saltamontes”. El nieto sonrió, dejo el tronquito con el que estaba jugando y dibujando cosas en la tierra, y alegre empezó a seguir a su abuelo. El abuelo y el nieto caminaban tranquilos, y no decían palabra. Sin embargo el abuelo comunicaba son su rostro y su andar todo el amor que sentía por su nieto. Y su mayor deseo era que su nieto sea suficientemente fuerte e inteligente para ser un excelente hombre en la vida, y que sea feliz. Cuando estaban sobre una pequeña colina, desde la cual se podían observar los bosques y también la aldea con algunas fogatas ardiendo, el abuelo se sentó en la tierra, y preparando su pipa para fumar, le dijo a su nieto: “siéntate Gran Observador, hoy quiero contarte una historia.” El abuelo lo llamaba gran observador porque su nieto tenían la gran capacidad de impresionarse, y le gustaba mucho observar la naturaleza, los animales y escuchar las conversaciones de los demás. Y todo lo que observaba trataba de dibujar en el suelo con cualquier tronquito que encontrara en el suelo. “Los seres humanos tienen muchos sentimientos, a algunos sentimientos les llamamos buenos, y a otros les llamamos malos. Los buenos sentimientos son el amor y alegría; y los malos sentimientos son la ira y el rencor por ejemplo. Todos tenemos estos sentimientos. Querido nieto, estos sentimientos están siempre en lucha. Es como si en mi corazón hubieran dos grandes y magníficos lobos. Uno es pacífico, alegre y bondadoso. Él está feliz, busca la armonía, la paz con los demás, y lucha sólo cuando es necesario. Su presencia trae calma y su andar es tranquilo. El otro lobo está lleno de rencor y cólera. Es violento y con su furia causa siempre problemas y también a si mismo. No puede controlarse y con su gran energía sólo crea conflictos.

El nieto curioso preguntó: “y cuál de los dos lobos ganará?”

El abuelo le respondió: “al que tú alimentes más. Pero recuerda que ambos deben ganar.”

El nieto estaba confundido. “Ganará al que yo alimente más, pero los dos deben ganar? No entiendo? cómo es esto posible?”

“Los dos lobos son parte tuya. No debes ignorar a ninguno. Si te dedicas a ignorar a uno de los dos lobos, aquel nunca desaparecerá, estará ahí, hambriento de atención y esperando cualquier momento para volver a estar presente. El lobo bueno tiene muchas virtudes, pero quizá puede ser muy inocente, a veces débil, quizá por amor sea indeciso y no sepa que hacer. Al lobo malo le gusta crear conflictos, sólo trae problemas, pero también tienen muchas virtudes. Él es fuerte, tiene mucha energía, es determinado y temerario, está preparado para sufrir y debido a su orgullo no se dará por vencido. También está acostumbrado a esconderse y esperar el momento adecuado para volver a atacar, tiene sus sentidos agudizados, desconfía mucho y utiliza mucho su astucia. Los dos lobos pelearán siempre, pero no significa que se odien. Su naturalezas son diferentes, y están ahí para apoyarte, aunque tú no lo veas. Cuando necesites mucha energía, el lobo malo estará ahí para darte cuanta energía necesites, y el lobo bueno estará ahí para que sepas cuándo es el momento correcto para recuperarse y descansar. El lobo blanco te tratará bien, mientras el malo te dirá que tienes que seguir luchando sin importar el resultado. Alimenta a los dos, y debes saber cuándo alimentar a uno más que al otro. Pero recuerda que aunque ellos siempre luchan, son hermanos, y convivirán dentro de ti por siempre. Dale nombres a tus lobos, pero no los juzgues, ya que su naturaleza es innata a este universo.”

Alghedi