Fábula: La Paloma del Castillo

Había una vez una paloma que habitaba en un castillo. Este castillo se encontraba en la cima de un acantilado. Por un lado estaba la entrada y se podían ver los pueblos venideros, y por otro lado se veían la caída del acantilado, que acababa en una playa donde reventaban las olas del mar. Esta paloma habitaba ahí ya que siempre habían alimentos a su disposición. Los reyes y sus plebeyos, como también soldados vivían ahí y nunca falta comida mientras el castillo estuviera habitado. La paloma, ya teniendo edad para traer más vida al mundo, conoció a su pareja muy cerca de la playa. De esta feliz unión iban a existir palomitas maravillosas. Así que la pareja decidió hacer un nido en un pequeño hueco en la pared del castillo que daba hacia al acantilado.

Un día, cuando el nido estaba listo y la paloma cuidaba de sus huevitos, pasó un terrible accidente. Un águila atrapo a la paloma macho, que se había descuidado buscando alimentos para sus futuros pichones. Así fue como la paloma macho murió terminando como alimento de un águila. La paloma triste decidió de todas maneras seguir adelante. Los tres huevitos dieron tres pichones sanos y fuertes. Sólo uno de los pichones era diferente a los otros dos. Este lloraba mucho más fuerte y estaba intranquilo. La paloma desarrolló un instinto materno más fuerte por este pichón, por esta razón le daba más alimentos y más cuidados que a los otros dos pichones. Después de cierto tiempo había llegado al momento de volar para los pichones. La paloma, teniendo un instinto animal muy desarrollado, sabía instintivamente que hacer. Les daba ya menos comida a sus pichones, y los instaba a que volaran, a que saltaran del nido y fueran a volar. Durante algunos días los pichones se atrevían a mover sus alas, salir un poco del nido y sentir el frío, hasta que un día lograron saltar del nido y volar hasta la playa y , aunque con mucha dificultad, lo lograron. Sólo el pichón que era algo diferente se había quedado en el nido y había mostrado pocas ganas de querer moverse. La paloma, sin saber que hacer, y sin consejo alguno para esta situación nueva en la naturaleza, no tuvo más opción que buscar comida para ella y su pichón. Así pasaron las semanas y el pichón ya era físicamente un adulto, pero lamentablemente para la paloma, se quedaba aún en el nido. La llegada del invierno se aproximaba, y la paloma tenía que hacer el doble de esfuerzo para conseguir comida. Teniendo que alimentarse a sí misma y a su cría que no quería volar, la paloma se debilitaba poco a poco. Cierto día la paloma llegó agotada al nido trayendo algo de comida para su cría. La porción dejó con hambre a las dos palomas. La cría, debido a que ya era adulta, y sin embargo no había volado a la edad adecuado, había engordado mucho. Empezar a volar con el sobrepeso y falta de movimiento, y en pleno invierno, convertía la situación en muy peligrosa. La falta de alimentos y la debilidad de la paloma la obligaron a que fuera en búsqueda de alimentos fuera del castillo, ya que este había sido abandonado por el invierno, cuando los reyes deciden viajar a lugares más calurosos. La cría se quedó sola, sin saber que hacer, y sin opción más que volar, teniendo que enfrentar a edad tardía y con la falta de práctica el invierno y los fuertes vientos.

“La naturaleza da dificultades para volverte fuerte y no para molestarte. Aquel que las evita, tendrá mayores problemas después.”

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